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Arqueólogos e historiadores han discutido durante largo tiempo sobre los instrumentos topográficos utilizados por los romanos basándose en en el hallazgo de varios trozos de metal en las ruinas de la antigua Pompeya y otras zonas del Imperio Romano.
En una excavación en Bavaria se encontró una cruz de hierro perforada por el centro en cuyos extremos habÃa restos de unos ganchos de hierro: era la groma romana. Actualmente se sabe que la groma era el instrumento topográfico más utilizado por los romanos.
El diseño y el principio de la groma es simple: ConsistÃa en 2 brazos (de aproximadamente 1 m. de longitud) cruzados perpendicularmente. Estos brazos iban atados a una tabla que se balanceaba fijada a un cuerpo de madera, compensando asà la groma para facilitar su empleo. Junto al pie del operario estaba el ferramentum, un “pie de hierro ” que tenÃa cuatro grandes alas para dotarla de estabilidad, y una punta aguda al final para clavarla en el suelo si era necesario. Del final de cada uno de lo cuatro extremos colgaba una cuerda con o sin plomada. HabÃa una quinta plomada que iba atada al umbilicus soli (el centro de la cruz) y servÃa para situar el instrumento sobre el punto base para la medición.
La groma se utilizaba para observar y establecer lÃneas directas y ángulos rectos. El topógrafo observaba la diagonal a través de un par de cuerdas para proyectar rectas o trazar lÃneas perpendiculares a la lÃnea definida por el par de plomadas, trabajando sólo en el plano horizontal sin considerar las diferencias de cota.
Este sencillo instrumento servÃa para establecer alineaciones de caminos, creando calles para ciudades y campos militares, y sobre todo, para parcelar determinadas extensiones de terreno. Su punto débil era el viento que desviaba las plomadas y hacÃa muy difÃcil el trabajo durante dÃas tempestuosos.
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